Kilómetros trucados en un vehículo de ocasión: qué puedes reclamar y cómo defenderte si eres vendedor

Compras un coche de segunda mano con 90.000 kilómetros y, meses después, descubres que en realidad ha rodado 150.000. Has pagado de más, el mantenimiento no cuadra y te expones a averías que no tocaban. Es uno de los fraudes más extendidos del mercado de ocasión, y también uno de los que más consecuencias legales tiene, porque puede recorrer a la vez la vía civil y la penal.

Esta guía explica, en un plano general, qué son los kilómetros trucados y qué implican jurídicamente: qué puede reclamar el comprador, cuándo la manipulación es delito, cómo se detecta y cómo se defiende quien se ve implicado. Y, donde corresponde, abordamos la posición particular del concesionario, que en este fraude tiene una exposición doble.

1.- Un fraude tan barato como extendido

El kilometraje es la cifra que más manda en un coche usado: marca el precio, sugiere la vida que le queda a la mecánica y es lo primero que mira cualquiera antes de comprar. Y precisamente por eso es el dato más goloso de falsear.

Manipular un cuentakilómetros moderno es sorprendentemente barato y rápido: existen aparatos que se compran por internet y borran decenas de miles de kilómetros en minutos. No es una picaresca aislada, sino un fraude extendido en toda Europa, que en España afecta a una parte nada despreciable de las operaciones de segunda mano. El resultado es siempre el mismo: alguien paga por un coche mucho más de lo que vale y asume, sin saberlo, un riesgo mecánico y de seguridad. Ya se le llame kilómetros trucados, kilometraje manipulado o cuentakilómetros alterado, el problema (y su tratamiento legal) es el mismo.

2.- El concesionario: una exposición doble

Conviene detenerse en la posición del concesionario, porque es peculiar. En este fraude, el profesional del vehículo de ocasión está expuesto por dos lados.

Por un lado, puede sufrirlo al comprar: adquiere para su stock un vehículo cuyo kilometraje ya venía manipulado por un titular anterior, sin saberlo. Por otro, y esto es lo más delicado, cuando revende ese coche a un cliente, es a él a quien se le reclama: frente al comprador consumidor, el vendedor profesional responde de la conformidad del vehículo, aunque él mismo fuera víctima del engaño. Dicho de otro modo, el fraude «entra» por la compra y «estalla» en la venta, y el concesionario queda en medio. Por eso, para el profesional, la prevención al comprar y la capacidad de repercutir contra quien le vendió el coche son absolutamente esenciales, como veremos.

3.- La vía civil: qué puede reclamar el comprador

En el plano civil, el comprador de un vehículo con los kilómetros trucados dispone de varias acciones, y la elección depende de las circunstancias y de quién sea el vendedor.

La falta de conformidad. Cuando el vendedor es un profesional y el comprador un consumidor, el kilometraje real es una característica esencial del vehículo, de modo que un coche con los kilómetros manipulados no es conforme con el contrato (Texto Refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios). El comprador puede exigir la reparación, la rebaja del precio o, en los casos graves, la resolución de la compra.

La nulidad por dolo. La manipulación del kilometraje es el ejemplo de manual del dolo como vicio del consentimiento: un engaño que induce a comprar algo que, conocida la verdad, no se habría comprado (o se habría pagado menos), conforme a los artículos 1269 y 1270 del Código Civil. Permite anular el contrato, con un plazo de cuatro años. Lo explicamos en nuestra entrada sobre los vicios del consentimiento.

El incumplimiento contractual y los vicios ocultos. También cabe reclamar por incumplimiento (artículo 1101, con un plazo de cinco años) o por la vía de los vicios ocultos (artículo 1484, con un plazo más breve de seis meses).

En cuanto a la indemnización, el Tribunal Supremo ha fijado un criterio claro: debe cubrir, como mínimo, la diferencia entre lo que se pagó y lo que el coche valía realmente con su kilometraje verdadero, además de los daños asociados. La clave, en todos los casos, será la prueba, que vemos más adelante.

4.- La vía penal: estafa y falsedad documental

La manipulación del kilometraje no es solo un incumplimiento civil: cuando hay un engaño deliberado, puede ser delito.

La estafa. Vender un vehículo ocultando que se le han trucado los kilómetros reúne los elementos del delito de estafa (artículo 248 del Código Penal): un engaño bastante (la cifra falsa del odómetro), que provoca un error en el comprador, quien realiza un acto de disposición (paga el precio) que le causa un perjuicio patrimonial, todo ello con ánimo de lucro del vendedor. Los tribunales lo aprecian con frecuencia en estos casos, precisamente porque el kilometraje no es algo que el comprador pueda verificar con facilidad. Las penas dependen de la cuantía defraudada, y se agravan en los supuestos del artículo 250.

La falsedad documental. Si además se ha alterado algún documento (la ficha o el informe de la ITV, el libro de mantenimiento, el propio contrato) para dar apariencia real al kilometraje falso, puede concurrir un delito de falsedad documental.

La frontera entre lo civil y lo penal está en el engaño deliberado: no toda discrepancia de kilómetros es delito (puede haber un error, o una manipulación de un titular anterior que el vendedor desconocía), pero cuando se prueba que el vendedor manipuló o conocía la manipulación y la ocultó, se entra en el terreno penal.

5.- Cómo detectar la manipulación del cuentakilómetros

Detectar el fraude es el primer paso, tanto para el comprador que sospecha como para el profesional que revisa un vehículo antes de adquirirlo. Las herramientas principales son:

La lectura de la centralita (OBD). Las unidades de control del vehículo guardan registros que, a menudo, conservan rastros del kilometraje real o de la manipulación.

El historial de la ITV. Cada inspección registra el kilometraje declarado. Una secuencia incoherente (un descenso, o un crecimiento imposible entre revisiones) es la prueba más habitual. Estos datos pueden consultarse a través de la aplicación miDGT o solicitando el informe correspondiente.

El informe de historial (CARFAX o del fabricante). Cruzando el número de bastidor (VIN) con las bases de datos, estos informes reconstruyen los kilometrajes registrados en distintos momentos (revisiones oficiales, cambios de titularidad, importaciones), y suelen delatar el salto.

El desgaste físico. El estado del volante, el pomo, los pedales, el asiento del conductor o los mandos debe ser coherente con los kilómetros que marca el cuadro. Un interior muy gastado en un coche «de pocos kilómetros» es una señal de alarma.

6.- Si te reclaman: cómo defenderte y contra quién repercutir

Este apartado interesa, sobre todo, al concesionario al que un cliente reclama por un coche que resultó tener los kilómetros trucados.

La primera línea de defensa es acreditar la diligencia y la buena fe: demostrar que, al comprar el vehículo, se comprobó el kilometraje con las herramientas disponibles y que la manipulación no era detectable ni conocida. Esto es decisivo para descartar el dolo y, con él, la responsabilidad penal, dejando el asunto (si acaso) en el plano civil.

La segunda, y fundamental, es la acción de regreso: quien vendió de buena fe un coche que le habían trucado puede, a su vez, reclamar contra quien se lo vendió (el titular anterior o el proveedor). De este modo, la responsabilidad acaba recayendo en quien realmente cometió o arrastró el fraude, y no en el intermediario diligente. Para que esta vía funcione, es imprescindible haber documentado la compra y el kilometraje declarado por el proveedor, lo que enlaza directamente con la prevención.

7.- La prevención: verificar y documentar el kilometraje

Como casi siempre, prevenir es mucho más barato que reclamar. Dos medidas evitan la mayoría de los problemas.

La primera, verificar el kilometraje antes de comprar: contrastar el historial de la ITV, pedir un informe de historial (especialmente en importaciones) y revisar la coherencia del desgaste. Es un protocolo básico que todo profesional debería sistematizar, y que también protege al particular. Lo desarrollamos en nuestra guía sobre cómo comprar vehículos de ocasión con seguridad jurídica.

La segunda, documentarlo todo: dejar constancia por escrito, en el contrato de compraventa, del kilometraje declarado por el vendedor y de su garantía de que es el real. Esa cláusula cumple una doble función: refuerza la posición de quien compra frente a un fraude, y, para el profesional, es la base de la futura acción de regreso si el kilometraje resulta falso.

8.- Bibliografía

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En resumen

Los kilómetros trucados son un fraude barato y extendido que da lugar a un doble frente. En la vía civil, el comprador puede reclamar por falta de conformidad o vicio oculto, anular el contrato por dolo o reclamar por incumplimiento contractual, con una indemnización que cubre, al menos, la diferencia entre lo pagado y el valor real. En la vía penal, la manipulación deliberada puede ser un delito de estafa y, si se alteraron documentos, de falsedad documental.

Para el concesionario, la exposición es doble: sufre el fraude al comprar y responde de él al vender. Su protección pasa por verificar y documentar el kilometraje en la compra y por la acción de regreso contra su proveedor. Y, para todos, la clave siempre es la misma: la prueba (el historial de la ITV, los informes y un buen contrato).

En Versalen Abogados reclamamos y defendemos en casos de kilómetros trucados, tanto si has comprado un vehículo manipulado como si eres un profesional al que le reclaman por ello. Puedes consultar nuestros servicios en Derecho de Automoción o contactar con nosotros para estudiar tu caso.

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